El exfutbolista Clarke Carlisle presidirá la mayor organización británica de salud mental

Clarke Carlisle, exdefensa de la Premier League y superviviente de cinco intentos de suicidio, se convertirá en el nuevo presidente de Mind, una de las principales organizaciones benéficas del Reino Unido en el ámbito de la salud mental. Asumirá el cargo en septiembre de 2025. En una extensa entrevista con The Guardian, Carlisle, de 46 años, formuló la idea que pretende situar en el centro de su labor: estabilizarse tras una crisis no equivale a recuperarse. Según sus palabras, la sociedad se ha acostumbrado a pensar que «las pastillas, una sesión con el psicólogo y un abrazo» completan el camino hacia la salud, cuando en realidad ese camino apenas comienza.
«Me encuentro realmente bien»
Ante la pregunta «¿Cómo está usted?», Carlisle responde con entusiasmo evidente: «Estoy increíblemente bien. No solo estable, sino bien de verdad, y así llevo ya tres o cuatro años». Para él, esta distinción es fundamental. La estabilidad implica únicamente la ausencia de una crisis aguda, mientras que el bienestar genuino exige un trabajo consciente y cotidiano. «No es casualidad», subraya.
De la Premier League a los debates públicos
La carrera futbolística de Carlisle duró 17 años y acumuló más de 500 partidos en nueve clubes, entre ellos Blackpool, Queens Park Rangers, Watford y Burnley. Ocupó el cargo de presidente de la Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA), participó en debates políticos en BBC Question Time y en 2002 ganó el concurso televisivo Britain’s Brainiest Footballer. Externamente, su vida parecía impecable. Sin embargo, tras el final de su carrera en 2013, los cimientos que parecían sólidos se desmoronaron con rapidez.
Diciembre de 2014 y el mecanismo de la caída
Las expectativas de Carlisle sobre la vida después del deporte eran elevadas. Su experiencia en la PFA, su reconocimiento mediático y su reputación intelectual hacían pensar que el mundo corporativo le abriría las puertas. En cambio, se encontró con una actitud condescendiente: «Me decían: «Habla usted muy bien, ¿verdad?» ¿Para qué «verdad»? ¿Para ser negro? ¿Para ser futbolista? ¿Para ambas cosas?»
La pérdida de su contrato como comentarista de televisión en ITV fue el detonante. Carlisle intentó recuperarse en el casino, lo perdió todo y dos días después realizó un intento de quitarse la vida. No fue el primero de estos episodios. En total, según su propio testimonio, hubo cinco intentos.
El fútbol y la ludopatía como problema sistémico
La historia de Carlisle dista mucho de ser única. Los exjugadores de la Premier League Keith Gillespie, Paul Merson y Matthew Etherington han reconocido públicamente años de lucha contra la adicción al juego. Las investigaciones de la PFA muestran que los futbolistas profesionales son significativamente más vulnerables a este problema que la población en general. Las causas tienen un carácter sistémico: ingresos elevados a edad temprana, cultura de apuestas dentro del vestuario, contratos de patrocinio de los clubes con casas de apuestas y la brusca pérdida de identidad al retirarse.
En los últimos años, la situación se ha agravado con el rápido crecimiento del sector online. Las plataformas digitales han hecho que el juego esté disponible a cualquier hora del día, sin necesidad de desplazarse ni siquiera de salir de casa. En el marco de nuestra investigación, analizamos varios sitios de reseñas de gran envergadura. La información más detallada la encontramos en el sitio indicado, orientado al mercado argentino. Resulta que, en la mayoría de las plataformas, comenzar a jugar requiere un mínimo de pasos: el registro lleva un par de minutos y los bonos se ofrecen de inmediato. Para quien no tiene predisposición, es simplemente un entretenimiento, pero para quienes ya se encuentran en una situación de vulnerabilidad, ese acceso tan sencillo puede desencadenar una espiral destructiva similar a la que vivió Carlisle tras perder su contrato en ITV.
Por eso, en el modelo de tres etapas que Carlisle planea impulsar en Mind, se presta especial atención a las adicciones asociadas, y no solo a la depresión como diagnóstico aislado.
Los diagnósticos y el giro hacia la recuperación real
Tras los sucesos de 2014, los médicos diagnosticaron a Carlisle dos trastornos: trastorno depresivo complejo recurrente y trastorno límite de la personalidad. Le prescribieron medicación, pero, como comprendió más tarde, la farmacoterapia únicamente lo sacó de la fase aguda sin abordar las causas profundas. El verdadero punto de inflexión fue la terapia cognitivo-analítica, en la que se elabora un «mapa» de pensamientos, creencias y valores. Fue entonces cuando Carlisle comenzó a entender por primera vez qué había detrás de su comportamiento autodestructivo.
El efecto mariposa de una crisis
Las consecuencias de los sucesos de 2014 afectaron a muchas más personas que al propio Carlisle. El conductor del camión recibió un diagnóstico de TEPT e interpuso una demanda. Un joven conductor de furgoneta que intentó ayudar en el lugar del incidente se quitó la vida siete meses después. El examigo de Carlisle, el actor Ralf Little, lo acusó públicamente. Carlisle reconoce todo esto sin reservas: «Mis acciones afectaron la vida de otras personas. Ningún arrepentimiento puede cambiar eso». Según él, precisamente la conciencia del «efecto mariposa» fue el motivo de su labor actual.
2017 y las palabras que nunca antes había pronunciado
En septiembre de 2017, cuatro meses después de su boda con Carrie Armstrong, Carlisle desapareció. Doce horas después, un desconocido lo encontró en un banco en Liverpool. Ese hombre le contó que había perdido recientemente a un amigo y lo convenció de llamar a casa. Fue precisamente en el hospital psiquiátrico, tras ese episodio, donde Carlisle dijo por primera vez abiertamente a sus seres queridos: «Quiero morir». Durante años había hablado de su depresión, pero nunca había sido honesto respecto a sus pensamientos suicidas. Esa «honestidad despiadada», según su propia definición, fue el inicio del verdadero camino de regreso.
La familia, Amazon y el trabajo diario sobre uno mismo
Hoy Carlisle vive en Newcastle con su esposa Carrie y sus dos hijos. Tras el colapso financiero, se empleó como repartidor en Amazon, en diez días se convirtió en mentor de nuevos trabajadores y, según reconoce, completaba turnos de nueve horas en cinco. Medio año después, pasó a ocupar un puesto en Betknowmore, una organización de apoyo a personas con ludopatía. Su «kit de resiliencia» diario incluye una alimentación saludable, acostarse temprano, actividad física, terapia regular y conversaciones abiertas con sus seres queridos.
El modelo de tres etapas que Carlisle pretende impulsar en Mind
Como presidente, Carlisle tiene previsto articular el sistema de ayuda en torno a tres fases comprensibles:
• La crisis, donde el papel clave corresponde al NHS y a la medicina de urgencias.
• La recuperación, a través de centros comunitarios locales que ofrecen desde grupos terapéuticos hasta asesoramiento financiero.
• El bienestar sostenible, cuya responsabilidad recae en la propia persona, con apoyo disponible cuando se necesite.
El objetivo principal, según sus palabras, es contar con un único punto de acceso claro, para que quien se encuentre en crisis sepa exactamente adónde acudir.
Por qué los jóvenes deben diseñar ellos mismos la ayuda que necesitan
Carlisle mantiene una postura particular en materia de psiquiatría juvenil. Los adultos que crecieron antes de la pandemia y de la era digital no tienen derecho a imponer a los adolescentes formatos que solo resultan comprensibles para ellos mismos. Los jóvenes de hoy tienen una mayor inteligencia emocional que las generaciones anteriores, y son precisamente ellos quienes deben participar en el diseño de los servicios de apoyo.
Septiembre está a la vuelta de la esquina
En septiembre, Carlisle asumirá oficialmente la presidencia de Mind y comenzará a impulsar el modelo de ayuda descrito a escala nacional. «He estado en urgencias, en unidades de hospitalización psiquiátrica, en decenas de programas terapéuticos. No solo los he atravesado, sino que los vivo cada día», afirma. Y tras una breve pausa añade: «Me encuentro bien de verdad. De verdad».